Parashat Aazinu
Parashat
Aazinu
"SI
NO TEMIESE LA IRA DEL ENEMIGO"
Por
Nejama Leibowitz
Ramban,
que nos acompaña con su comentario, en casi todas nuestras lecciones, ha sido
especialmente generoso en esta parashá, al darnos al final un resumen de este cántico;
iluminando el sentido de su construcción y su intención.
Rambán
32, 40:
Este
cántico, que es para nosotros un verdadero y fidedigno testigo, predijo con
claridad todo lo que nos ocurre.
Nos
recuerda ante todo el favor que hizo con nosotros el Señor, desde el momento en
que nos convirtió en Su heredad; nos recuerda cuan benevolente fue con nosotros
en el desierto; al legarnos tierras que pertenecían a pueblos grandes y
poderosos; la gran bondad, riqueza y honor que nos otorgó allí y que a pesar
de todas las inmensas bondades se rebelaron nuestros padres contra el Señor,
rindiendo culto a las estrellas y a los astros; nos recuerda como se encolerizó
con ellos, hasta que envió a nuestro país epidemias, hambre, bestias malignas
y guerras destructoras. Luego los dispersó hacia todas las direcciones y a
todos los rincones de la tierra. Es sabido que todo esto se ha cumplido,
ocurriendo así.
Nos
dice el cántico, que finalmente retribuirá la venganza a Sus adversarios y a
Sus enemigos pagará, y la razón es, que ellos cometieron las maldades contra
nosotros impulsados por su odio al Señor; puesto que no odian a los hijos de
Israel por ser idólatras como ellos mismos, sino porque no se comportan como
ellos y sirven al Señor, cumplen Sus mandamientos, no se emparentan con ellos,
no comen de sus sacrificios y desprecian sus ídolos, extirpándolos de sus
lugares; como fue dicho (Tehilim 44, 23): "Antes, por Tu causa somos
muertos todos los días". Entonces, movidos por su odio al Señor, nos
causan todos estos males, razón por la cuál son Sus adversarios y Sus
enemigos, por lo tanto Le corresponde vengarse de ellos.
Es
evidente, que las promesas se refieren a la redención futura; puesto que en la
construcción del segundo Templo, no se regocijaron las naciones con Su pueblo,
mas bien se burlaron de ellos (Nejemia 3, 34): "¿Que están haciendo esos
débiles judeos?". En esa época servían los grandes del pueblo en el
palacio real de
Babel
y estaban todos subordinados a ese rey. En esa época no se vengó de Sus
adversarios, ni tampoco perdonó a Su tierra, ni a Su pueblo.
No
hay sin embargo, en este cántico, ninguna condición referente al
arrepentimiento o a la sumisión, es tan sólo un testimonio que haremos las
maldades y las sobrellevaremos, y que El, alabado sea, nos reprenderá
encolerizado, mas no ha de extinguir nuestro recuerdo, y volverá a dolerse de
nosotros, y retribuirá a los enemigos con Su espada grande, fuerte y poderosa,
y perdonará nuestros pecados en aras de Su nombre. Forzosamente hemos de explicar
este cántico, como refiriéndose a la liberación futura, aunque esto pese a
los herejes.
Así
dijeron nuestros Sabios en el Sifrí: "Grandioso es este cántico, porque
hay referencias al presente, las hay del pasado, y también las hay al futuro;
referencias de este mundo y al mundo venidero" ... Y esto nos advierte el
versículo cuando dice: "De manera que vino Moshé y recitó todas las
palabras de este cántico a oídos del pueblo" (32, 44), al decir
"todas" indica que incluye todo el devenir. Y no obstante ser - el cántico
- breve en vocabulario, abarca sin embargo muchos asuntos.
Aún
si fuera este cántico un escrito de un astrólogo, que haya predicho el futuro,
hubiera merecido nuestro crédito, puesto que se han cumplido todas sus palabras
hasta ahora, sin descontar ninguna; con más razón hemos de creer y de esperar
de todo corazón, que se cumplan las palabras divinas puestas en boca de Su
profeta fidedigno, que no tuvo par, ni antes ni después que él, que en paz
descanse.
Lo
que nos dice Rambán, que el cántico nos habla del gran enfado que tuvo el Señor
con nosotros, "y que El nos reprenderá encolerizado, mas no ha de
extinguir nuestro recuerdo, y volverá a dolerse de nosotros, y retribuirá a
los enemigos con Su espada poderosa por Su nombre", este cambio del enfado
y castigo que recibimos de manos de los enemigos, al castigo de esos enemigos,
en aras de Su nombre, está expresado en un versículo con atrevida agudeza,
es el versículo 27, formulado como juicio condicional dependiente del versículo
26:
Dijera:
Yo acabaré con ellos, haré cesar de entre los hombres
la
memoria de ellos.
32, 26
Si
no temiese la ira del enemigo, no sea que lo entiendan
mal
sus adversarios; no sea que digan:
"Nuestra
mano es poderosa. y no es el Señor quien ha hecho todo esto".
32, 27
La
expresión "si no temiese la ira del enemigo", que el Todopoderoso
tema o se asuste de la opinión del enemigo, es muy singular, no encontrándose
otra igual en la Torá.
Las
palabras tranquilizadoras de R. Abraham lbn-Ezra:
El
versículo nos habla con el lenguaje humano, a fin de hacerlo comprensible para
sus lectores
tampoco
alcanzan para explicar la intención de esta osada y aguda expresión.
El
Señor, Cuya voluntad es que "reconozcan y sepan todos los habitantes del
mundo que ante Ti se doblará toda rodilla y jurará toda lengua", expresa
Su inquietud ante la posibilidad opuesta, de que se alejen los hombres de esa
finalidad: "si no temiese la ira del enemigo, no sea que lo entiendan mal
sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano es poderosa, y no es el Señor
quien ha hecho todo esto". Lo estrictamente justo es desplazado pues, por
el recelo de que Su nombre sea profanado. La misma aprensión la expresó Moshé,
nuestro maestro, en su plegaria después del pecado del becerro de oro (Shemot
32, 12): "¿Porqué han de hablar los egipcios, diciendo: Con mala intención
los sacó para matarles en las montañas ? . . .", esa misma ansiedad la
expresa con mayor énfasis aún en su súplica posterior al pecado de los espías
(Bamidbar 14, 15-16) : "Las naciones que han oído Tu fama hablarán,
diciendo: Porque el Señor no ha podido introducir a este pueblo en la tierra
que les había prometido ... por eso los destruyó en el desierto", ese
mismo recelo es aquí mucho más manifiesto y agudo, pues es el Señor mismo Quién
habla, que "teme" la propagación de una idea errónea en el mundo y
el alejamiento de la humanidad de la finalidad para la cuál fue creado el mundo;
que Le "inquieta" la posibilidad de que sea profanado Su nombre en el
mundo, en lugar de concurrir a la santificación de Su nombre.
Si
no temiese la ira del enemigo,
no
sea que lo entiendan mal sus adversarios;
no
sea que digan:
"Nuestra
mano es poderosa,
y
no es el Señor, Quien ha hecho todo esto".
Tomado
de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986
pág. 305-307