Parashat Pinjas
POR CUANTO ARDIO EN CELO POR MI CAUSA
Por Nejama Leibowitz
El comienzo de nuestra sidrá está relacionado directamente con los
últimos versículos de la precedente (Cap. 25, 1-9), que relatan la puesta en
práctica del pérfido consejo de Bilam: Emplear contra Israel el arma más
poderosa que existe -- la desmoralización. Nuestros Sabios enseñaron, Sanhedrin
106a;
Díjole Bilam: "El Dios de Israel odia la
inmoralidad. Ellos, por otra parte, ansían poseer vestimentas de lino". He
aquí lo que le aconsejó: "Hazles tiendas ... y pon allí prostitutas que
les vendan vestimentas de lino ... y cuando el israelita se haya hartado de
comida, saciado de bebida y se halle alegre disponiéndose a recorrer el mundo,
ella le dirá: "Pero si eres como de la familia, siéntate y elige
algo". Ella tendrá consigo odres de vino amonita. Le preguntará:
"¿Quieres tomar un vaso de vino?"
Después de tomar el vino arderá el israelita en
deseo; ella sacará el ídolo que portará en su seno y le dirá:
"¡Adóralo!" Mas él responderá: "¡Pero si soy judío!"
"¡Qué te importa!", le replicará; "no sólo ésto, sino que no te
dejaré en paz hasta que reniegues de la enseñanza de Moshé tu maestro".
Esta es la interpretación de lo escrito (Oshea 9, 10): ". . . Mas ellos
acudieron a Baal-Peor, y se apartaron para la vergüenza; y se hicieron asquerosos
como aquello que amaban".
El final de la sidrá precedente
nos mostró a Pinjas, poseído por un celo ardiente por el honor del Eterno;
interviniendo para aplacar la cólera divina sin que fuera precedido por
pronunciamiento alguno de un tribunal ni por el procedimiento prescripto por la
Torá, de inquirir, averiguar e investigar; procedimiento que imposibilita en
la práctica la pena de muerte; realizó un acto propio de un celote, ejemplo de
los más peligrosos desde el punto de vista social y moral.
¿Qué leemos en nuestra parashá respecto a Pinjas y a su actuación?
Entonces el Señor habló a Mosteé diciendo: 25, 10
"Pinjas, hijo de Elazar, hijo del sacerdote Aharón, ha hecho volver
Mi ardiente indignación de sobre los hijos de Israel, por cuanto ardió en cielo
por Mi causa en medio de ellos, de manera que Yo no acabe con los hijos de
Israel, (en el ardor) de Mis celos".
25, 11
Puede parecer curioso que un acto así fuera seguido por tal premio.
Vemos en efecto que los Sabios del Talmud Yerushalmi opinan que Pinjas
actuó sin el consentimiento de los jueces del tribunal de Moshé. Rabí Yehudá
ben Pazi supone que lo hubieran excomulgado de no haber sido por la Divinidad,
que, adelantándose a su decisión, les hizo saber:
"El cual será para él, y para sus descendientes después de él,
pacto de sacerdocio perdurable: por cuanto él fue celoso por su Dios. 25, 3
Rabí Baruj Epstein, en su comentario al Pentateuco "Torá
Temimá", explica la opinión de Rabí Yehudá ben Pazi:
Un acto de
tal naturaleza debe estar inspirado por un celo auténtico a Dios, pues sino,
¿cómo podemos estar seguros de la pureza absoluta de sus móviles? ¿cómo podemos
saber si el celote no obra impulsado por algún interés egoísta mientras dice
que actúa en honor de Dios y mientras tanto quite la vida a alguien injustamente?
Esta es la intención de los Sabios cuando dicen que los jueces de la época de
Moshé quisieron excomulgarlo de no haber sido por Dios que se les adelantó y
dijo: "El cual será para él, y para sus descendientes después de él, pacto
de sacerdocio perdurable . . .", y atestiguó de esa manera que sus celos
fueron puros, por lo que lo absolvieron.
Consideraciones del mismo orden inspiraron el comentario del Rabino Kuk
al párrafo de la Shemoné Esré concerniente a los delatores y a los traidores,
que comienza con las palabras: "Que los calumniadores no tengan
esperanza". Esta oración fue redactada por el Sabio Shemuel Hakatán famoso
por su amor a la humanidad y que según el testimonio del Tratado de los Padres
(4, 14) solía repetir con predilección la siguiente sentencia del libro de los
Proverbios: (Mishlé 24, 17): "Cuando cae tu enemigo, no te alegres; cuando
tropieza, no se regocije tu corazón".
Dijo el Rabino Kuk:
No cabe
duda que las bendiciones de la Shemoné Esré no pudieron haber sido redactadas
sino por hombres de un elevado nivel espiritual. Pero esta bendición, que
encierra odio y rencor, sólo pudo ser redactada por alguien íntegramente puro y
consagrado al Señor, en cuyo corazón no anidaba en absoluto la cualidad del
odio natural, que existe en todo hombre, por ser tal, contra sus enemigos
mortales y contra los perseguidores de su pueblo. Por tal motivo Shemuel
Hakatán se ofreció a redactarla. Sólo él, que logró apartar de su corazón todo
sentimiento de odio incluso contra sus enemigos pudo haber redactado el
párrafo referente a los traidores, con pureza de sentimientos, teniendo
presente sólo el verdadero bien común.
Puede ser que lo expuesto hasta ahora nos ayude a comprender mejor la
relación entre el acto de Pinjas, terrible en sí, y la recompensa que el
Eterno le prometió diciendo: “He aquí que Yo le doy a él, Mi pacto de paz"
(vers. 12). No interpretaremos el precioso don de esta alianza como lo hizo
Abravanel, que la vio corno una suerte de garantía otorgada a Pinjas para protegerlo
de sus enemigos, de la venganza que no dejarían de ejecutar los principales,
familiares de la víctima, ya que Zimri era príncipe y patriarca de la tribu de
Shimeón. No se trata de una garantía de seguridad otorgada contra sus enemigos.
Así lo comprendió Rabí Tzví Yehuda Berlín. En su obra " Haamek
Davar" dice que el "pacto de paz" no fue una defensa contra un
peligro exterior, sino contra un peligro interno que podría prender en su alma
de celote; fue una seguridad otorgada contra la mácula que podría mancillar su
alma como consecuencia del acto de ejecutar a un hombre sin que medie el fallo
formal de un tribunal. He aquí las reflexiones del Natziv:
Para
compensarlo por haber aplacado Su indignación, el Santo, bendito Sea, lo
bendijo con la cualidad de la paz interior, que no se convierta en un irascible
ni en un colérico, pues la naturaleza del acto que cometió Pinjas, el matar a
un hombre con sus propias manos podía haber dejado en él una profunda impresión
para siempre, pero, porque actuó por el honor de Dios, recibió la bendición
que siempre sea calmo y agraciado con la cualidad de la paz interior; y que no
tenga escrúpulos de conciencia por ese asunto.
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof.
Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura
Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 234-236)